lunes, 17 de septiembre de 2018

La ola de calor del verano

Uno de los fenómenos atmosféricos que hemos vivido en este verano ha sido una tremenda ola de calor. Veamos en qué consiste y por qué ocurre.

(Imagen: tiempo.com)
Si durante una serie de varios días se mantienen las temperaturas anormalmente altas, en una amplia extensión geográfica, ocurre lo que se denomina ola de calor. Normalmente, hay una época del año en que las temperaturas son habitualmente las más altas, como corresponde al período entre el 15 de julio y el 15 de agosto. Es lo que se llama período canicular.

Pero cuando además de estas temperaturas altas por la época del año le sumamos que los cielos están despejados sin nubes, el calentamiento durante el día es muy potente, hay un estancamiento en las capas más bajas de aire y, para colmo, hay una entrada de aire caliente desde África... ¡apaga y vámonos!

¿El resultado? Habréis podido comprobar que el cielo tenía una tonalidad "amarillenta", con una suspensión de polvo proveniente del desierto del Sáhara, provocando una calima que transmitía aire caliente por donde se fuese. Las temperaturas han sido elevadas hasta el punto de alcanzarse hasta más de diez grados por encima de lo normal.

Las superficies estaban lo suficientemente calientes como para favorecer, aún más, la elevación de la temperatura ambiental, por lo que ni siquiera de noche refrescaba. Son fenómenos que, por suerte, no ocurren durante períodos muy prolongados pero que duren lo que duren siempre son muy molestos. Cuando la temperatura alcanza el llamado umbral del sueño (por encima de 22ºC), se hace complicado poder dormir, por lo que empezamos a dar vueltas en la cama, no podemos descansar bien y al día siguiente estamos mucho más cansados de lo que estábamos al acostarnos.

La mejor manera de poder pasar esos días es bebiendo mucha agua, ponernos a la sombra, en lugares frescos y nada de ponernos al sol....salvo si habéis ido a la playa, que un poquito viene bien para secarnos del chapuzón en el agua.
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domingo, 9 de septiembre de 2018

El eclipse lunar más largo y Marte brillando más que nunca

Este verano hemos tenido dos fenómenos astronómicos espectaculares y que han podido ser disfrutados a simple vista. Por una parte, Marte, nuestro querido planeta rojo, se puso a la mínima distancia de la Tierra de los últimos quince años. Y, por otro lado, tuvimos el eclipse de Luna más largo del presente siglo. Dos espectáculos naturales de lo más hermoso.

(Fotografía: Agrupación Navarra de Astronomía. La Luna eclipsada y Marte brillando)
Por si todo esto resultase poco, hay que tener en cuenta que justo en el momento del eclipse lunar, el planeta Marte se encontraba alineado con el Sol y en lados opuestos a la Tierra, por lo que si unimos las tres cosas (cercanía del planeta, eclipse y alineamiento con el Sol), resulta que durante unos días el planeta rojo ha estado más brillante en el cielo, pudiéndose comprobar incluso a simple vista como era el astro más reluciente del firmamento junto con Venus. Así se llegó al momento más importante el 27 de julio. ¿Cómo lo veis?

Como dato para los Pequeños Alquimistas, deciros que Marte estuvo a tan sólo 57.6 millones de kilómetros de la Tierra que, además, correspondía con el punto más cercano en su órbita con el Sol (a esto se le llama perihelio). Los planetas del Sistema Solar giran alrededor del astro rey mediante órbitas elípticas (si cogemos un círculo y lo estiramos por dos puntos enfrentados, lo alargaremos y tendremos una elipse) y, por este motivo, la Tierra y Marte, aunque seamos vecinos, tenemos órbitas diferentes, de diferente tamaño, y por eso cada dos años los dos planetas se alinean con el Sol, pero no tienen por qué coincidir con su punto más cercano.

Y, para terminar, una observación. La Luna se tiñó de rojo en su eclipse y Marte tenía un color más rojizo de lo habitual porque, además está sufriendo una tormenta de polvo que cubre el planeta. ¡Qué coincidencia! ¿verdad?
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